El nuestro, es un mundo cambiante, lleno de estímulos, prisas, redes sociales, quehaceres y obligaciones que hace que vivamos inmersos en preocupaciones, perdidos en la mente, en el pasado o en el futuro. Y así nos perdemos el presente, nos perdemos la vida.

El mundo, la sociedad, la cultura, nos demanda vivir para fuera. Y así, nos vamos desconectando de nosotros mismos, de nuestros 5 sentidos y, sobre todo, de nuestra intuición, de nuestra esencia, de nuestra sabiduría interna.

Como alguien tiene que llevar el mando, ahí surge el Ego, el piloto automático, esos mecanismos de defensa e instinto de supervivencia que hace que podamos adaptarnos a este mundo de locos. Es ese parloteo mental incesante que suele estar divagando en el pasado o en el futuro, rara vez en el presente. Se dedica a prevenir posibles males futuros. Suele actuar según ciertos hábitos como la queja, el victimismo, la agresividad, las justificaciones y suele ser rumiativo, obsesivo y neurótico.

Cuando el Ego pilota nuestra vida, estamos en modo defecto mental por divagación. Los impulsos y las reacciones inconscientes rigen nuestra vida. Esos pensamientos que parecen ser incontrolables generan emociones, y esas emociones generan los estados de ánimo que definirán nuestra forma de ser. Y así vamos creando nuestra realidad, como un caballo desbocado.

La práctica de la atención plena nos libera de la esclavitud del Ego.

Cuando aprendemos a centrar la atención en el momento presente, aceptándolo plenamente y sin dejarnos llevar por los pensamientos o juicios, reestablecemos, poco a poco, la conexión con nosotros mismos, con nuestros sentidos. Nos convertimos en observadores de nuestra mente, de nuestras sensaciones y emociones en el aquí y ahora.

Despertamos. Empezamos a conocernos. A comprendernos, a nosotros mismos y a los demás. A la vida. Empezamos a vivir la vida, porque aquí y ahora, es la vida.

De esta manera tenemos la capacidad de responder (conscientemente) en lugar de reaccionar (automáticamente).

Diferentes formas para practicar la atención plena:

  1. La práctica formal de la meditación: Sentados, en un lugar tranquilo, con los ojos cerrados, nos centramos en nuestra respiración, dejando que los pensamientos fluyan, sin juzgarlos.
  2. La práctica informal: Atención y consciencia plena en el aquí y ahora, en nuestros quehaceres cotidianos. Ya sea conducir, cocinar, caminar, comer.
  3. La respiración como ancla: Centrarnos en nuestra respiración ya sea en la cama, en la cola del súper, en el autobús . Traemos la atención al presente con ayuda de la respiración, consciente, lenta y que llegue a la zona baja de los pulmones, al abdomen.

Se trata de apagar ese ruido mental que nos impide escuchar a nuestro ser verdadero. Esta práctica nos enseña a escucharnos y ser los observadores de nuestra mente y escuchar a nuestro cuerpo a través de los sentidos.

A través de Mindfulness podemos vivir una vida con consciencia y sentido. Podemos darnos cuenta de los automatismos, creencias y condicionamientos que nos hacen sufrir y nos alejan del bienestar. Nos conocemos y conectamos con nuestra esencia.

Cuéntame, ¿Lo has probado?, ¿consigues llevarlo a cabo en tu día a día? 🙂

Join the discussion 2 Comments

  • Thania dice:

    La meditación sin duda es lo que más me ayuda, bueno y cocinar, ya sabes, sobre todo cuando hago pan, jeje. Y me cuesta llevarlo a cabo cada día, pero poco a poco, lo suyo es seguir progresando 🙂

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